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“Las Ferias en el siglo XX” |
En el año 1881 encontramos una nueva e interesante reseña en la publicación periódica torrelaveguense llamada “El Cántabro”. Allí, en su número correspondiente al día 10 de septiembre, el corresponsal dice, entre otras cosas, que “... es uno de los mercados de contratación más asistidos de la provincia; no sólo en ganado vacuno, que es el principal negocio, sino una porción de mercancías de todas clases, cuya afluencia es numerosísima, por el buen resultado que siempre da a los expendedores que allí se presentan”. Termina apuntando el cronista lo animadísimo que estuvo el baile que tradicionalmente cerraba la feria.
Pocos años después, concretamente en 1884, el mismo medio informativo publica otra crónica alusiva al evento. En esta ocasión nos cuenta el informante de “El Cántabro” que de las muchas transacciones que tuvieron lugar, una buena parte las realizaron los ganaderos de Madrid, que adquirieron gran número de vacas paridas de raza pasiega. También en gran cantidad y a elevados precios se vendieron hermosos ejemplares de novillos, además de bueyes para el trabajo. Así, una pareja de estos últimos, propiedad del vecino de Villasevil Nicolás Sánchez, se vendió por 850 pesetas, todo un capital para la época. Este dato nos explica una vez más la importancia que dichas reses tenían para la economía campesina de entonces, ya que cualquier mercancía que se nos ocurra era movida y transportada gracias a la fuerza bruta de animales de tiro, especialmente las vacas, novillos y bueyes tudancos del país.
La crónica que aludimos termina criticando la política del Ayuntamiento, en el sentido de que los elevados impuestos que cargaba a los vendedores por asistir a la feria estaban creando un importante malestar entre los vecinos y una merma en la importancia de la misma.
Otra no menos ilustrativa cita que atestigua la gran magnitud del evento nos la proporciona un turista andaluz hospedado en Ontaneda llamado Ibero Abantiade. Éste, durante su estancia en el verano de 1983, escribía a un periódico de Sevilla lo siguiente: “No hace muchos días se verificó la feria de Villasevil, y ha sido un espectáculo curioso y divertido el ver pasar por el camino real, de ida y de vuelta, más de tres mil vacas y becerros, procedentes de estas montañas y de las Castillas, guiados por hombres y mujeres vestidos al uso de los respectivos pueblos de donde procedían, entre los cuales se distinguían los pasiegos, armados siempre de su gran paraguas azul y de su voluminoso cuévano”.
Si damos crédito a lo que nos cuenta dicho cronista bético, 3.000 cabezas de ganado más, como poco, otras tantas que él no contabilizó, son muchas reses. Agrupadas todas ellas en torno a aquella antigua arboleda de La Venta e Iruz, durante los tres días que duraba el mercado, debieron conformar un grandioso espectáculo difícil de imaginar para los que hoy moramos en el valle. Lástima que por entonces los fotógrafos aún no se prodigaran en trabajos de campo, pues allí hubiesen tenido tajo para rato, dada la grandiosidad que aquello debió adquirir.