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Presentación de la obra
La palabra río, que procede del latín "rivus", define a una corriente natural de agua continua, más o menos caudalosa, que va a desembocar al mar, a un lago u otra corriente. Si la cantidad de agua es muy pequeña se llama regato y si es un poco mayor que ésta se denomina arroyo. Cuando la corriente es irregular y la pendiente fuerte es un torrente. Cuando una corriente tiene una relativa superioridad con respecto a otras que confluyen en ella, a estas últimas se las denomina afluentes o tributarios. El origen de un río puede ser un manantial, un lago o los ventisqueros de nieve derretida. Varios son los factores que influyen en la característica hídrica de un río: climáticos, morfológicos, geológicos y bióticos, y todos ellos constituyen su régimen fluvial. El factor climático está compuesto por las precipitaciones y la evaporación de la región que atraviesa.
Las características morfológicas que influyen principalmente son las de pendiente y las geológicas, es decir, tipo del suelo, que puede ser poroso, compacto, filtrante... El factor biótico influye en la magnitud de la evaporación, o sea, densidad o rarificación de la vegetación, y en la retención y regulación del agua por medio de canalizaciones, embalses, etc. Los elementos que definen su régimen son: el caudal, la variación según las estaciones del año, la regularidad interanual, las crecidas y estiajes y el arrastre de materiales. El río, uno de los factores erosivos más enérgicos, tiende con su acción a adquirir el llamado "perfil de equilibrio" de su cauce, que le permita discurrir con sus aguas sin erosionar ni depositar los materiales que arrastra. Se dice que un río es "joven" cuando todavía se halla lejos de alcanzar su perfil de equilibrio y "viejo" cuando ya lo ha conseguido. Desde el punto de vista hidrológico, lo más importante de un río es su régimen, que se caracteriza principalmente por su abundancia o caudalosidad, por su irregularidad, por sus crecidas o estiajes y por sus variaciones mensuales o estacionales de caudal. Así, se habla de crecida cuando el caudal es muy elevado, y de estiaje, cuando es muy bajo o nulo. El espacio que ocupa una corriente de agua en su curso normal se denomina "lecho menor" o "madre". Cuando el caudal no cabe en la "madre" y se desborda por causa de lluvias abundantes o grandes deshielos, se dice que el río "se sale de madre". En el trayecto de toda corriente de agua de un río se distinguen tres zonas: erosiva, divagante y sedimentaria. La zona erosiva se encuentra, generalmente, al principio, cuando, por el nivel del terreno, las aguas descienden rápidas o torrenciales desde las montañas a los valles, arrastrando gran cantidad de elementos terrígenos que arranca del fondo del cauce o de sus márgenes. La zona divagante queda definida cuando el caudal, es decir, las aguas, al llegar al llano con poca inclinación, discurren lentas, trazando curvas que se llaman "meandros", buscando las zonas más blandas y de más fácil pendiente. La zona sedimentaria es aquella próxima al mar, en la que van depositándose los elementos terrígenos en el fondo del cauce y se forman los deltas o alfaques en la desembocadura. Es también definitorio en las características de un río su cuenca hidrográfica, la cual viene definida por todas las tierras cuyas aguas van a parar al cauce principal, bien directamente, bien a través de todos sus afluentes grandes y pequeños. La cuenca hidrográfica del Ebro, que alcanza cerca de la quinta parte del territorio nacional, constituye un variadísimo y muy rico ecosistema, desde los glaciares pirenáicos hasta las áreas esteparias de la cubeta de Caspe y la llanura déltica. Un amplio mosaico de paisajes, flora, fauna, climas..., se manifiesta en sus altas cumbres, valles, cañones, páramos, ríos..., etc. Los ríos han tenido siempre gran importancia para la vida y la economía de los pueblos, de ahí que las más antiguas civilizaciones nacieran junto a los grandes cursos fluviales. Primero satisfizo las más apremiantes necesidades del hombre: la sed, con sus aguas, y el hambre, con los animales que viven en su seno. El historiador romano Catón, en el año 195 a. de C., tras su visita de pacificación a Hispania, escribe: "El río Ebro nace en el país de los cántabros, caudaloso y bello y abundante en peces", por lo que se desprende que la pesca en el gran río debió ser, sin duda, una de las principales atracciones, junto, claro está, al permanente abastecimiento de agua potable para el asentamiento estable en sus márgenes de los primeros pobladores de su amplia cuenca. En la actualidad, el río ha dejado de ser fuente de aprovechamiento para la pesca y, por ello, la tradición ancestral pesquera de los pueblos ribereños ha pasado a la historia, salvo en el delta y en las aguas claras de sus primeros pasos, en donde aún es posible la captura de ejemplares de truchas autóctonas. Los ríos han sido y son, al mismo tiempo, zonas de atracción de la población y de una gran actividad, ya que constituyen con frecuencia cómodas vías de comunicación y, además, proporcionan energía hidroeléctrica y, sobre todo, aportan el agua. Sabemos que las primeras páginas de la historia descubren grandes aglomeraciones de hombres a lo largo de los ríos, en parajes de clima templado y donde abundan, con la alimentación, los demás medios de satisfacer las principales necesidades Algunos ríos son también agentes fertilizantes gracias a los aluviones dejados en sus crecidas. Un río, en palabras de Antonio Beltrán, "es un ser vivo y, como tal, nace, crece, se desarrolla y camina hacia la muerte, perdiéndose en el mar, aunque adquiera eternidad., pues nace continuamente y ofrece en su fluir el símbolo de la eterna vigencia. Pero lo hace en el tiempo y en el espacio y su presencia trasciende de sus riberas y de sus puentes, elementos estables y permanentes, para definir territorios y otorgar personalidad a sus habitantes, en contraste cada tiempo y cada tramo o comarca de las que corre, unos con otros; a veces, extraordinariamente acusados". Por todo ello, bien podemos afirmar que ningún fenómeno fisiográfico ha influido más que el río en la historia de los pueblos. Emilio Jorrín García
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Extracto: "El nacimiento" El río que da nombre a la Península Ibérica y a la cuenca hidrográfica más amplia de España nace en el campurriano pueblo de Fontibre, a unos 900 metros de altitud sobre el nivel del mar, a cinco kilómetros aguas arriba de la ciudad de Reinosa, en el amplio valle de Campoo, formado por el gran circo montañoso y punto de confluencia de la Cordillera Cantábrica y la Cordillera Ibérica, en el emblemático Pico Tres Mares, un triedro gigante de 2.175 metros de altura, cuyas laderas miran, respectivamente, a los tres mares hispanos: "Ni una gasa de niebla, ni una lluvia
o cellisca, ni una dádiva de nieve, ni un borbollar de fuente candorosa dejo perderse. Madre soy de Iberia, que incesante en mi seno nace y dura. A los tres mares que la ciñen, corren distintas y purísimas mis aguas, al Ebro, el Híjar, el Pisuerga al Duero, y el Nansa se despeña. Tres distintos: Mediterráneo, Atlántico, Cantábrico. Y mi cúspide eterna, bendiciendo — vientos de Dios— España toda en torno. Prostérnate en mi altar si eres hispano; si de otras tierras, mira, admira y calla." Gerardo Diego El Ebro, desde Fontibre hasta la cabecera del Embalse del Ebro, en las proximidades del pueblo de Requejo, de Campoo de Enmedio, atravesando primero los pueblos de Salces y Nestares y la ciudad de Reinosa, recorre unos 8 km. En el pueblo de Arroyo, del municipio de Las Rozas, sale del Pantano con dirección sur, a través del municipio de Valdeprado del Río, hasta el de Valderredible, en donde moja ligeramente a la provincia de Palencia; toma un giro de casi 90 grados hacia el Este en las proximidades de Cubillo de Ebro, iniciando aquí un recorrido sinuoso hasta que penetra en la provincia de Burgos, siendo Villaescusa de Ebro el último pueblo de su recorrido por Cantabria, después de 59 km de andadura. En opinión de algunos geólogos, este nacimiento del río Ebro puede tratarse de un filtraje de las aguas del río Híjar, el cual tiene su origen, como más adelante veremos, en los manantiales de la falda este y campurriana del Pico Tres Mares. No obstante, seguiremos en la creencia, mientras la ciencia lo aclare definitivamente, que las primeras aguas del río hispano por excelencia brotan en las "Fons Iberi", es decir, en Fontibre. El lugar exacto en donde salen a la luz las primeras aguas se denomina La Fuentona, un paraje con una exuberante vegetación autóctona, como el roble, el haya, el fresno, el olmo, el acebo, el chopo..., y también con diversos arbustos, como el endrino, el mostazo..., etc. La hoya del manantial está configurada básicamente por un enorme peñasco denominado La Torre, en el cual aún persisten restos visibles de lo que fuera la Torre de los Mantilla. En este mismo altozano está ubicado, entre árboles añejos, el camposanto del pueblo, y en la misma zona, sobre otro pequeño altozano, lugar de ubicación de las eras en otros tiempos, el Gobierno cántabro ha construido un bar-restaurante para el turismo. También por una roca de regulares dimensiones sobre la cual se ha excavado una hornacina para dar cabida a una imagen de la Virgen del Pilar. Y por una atalaya en donde se asientan la iglesia parroquial de San Félix y el caserío de Fontibre.
Un monolito en piedra, erigido sobre los primeros manantiales, recoge el escudo de todas las provincias que bañan sus aguas en su recorrido hasta el mar Mediterráneo en Deltebre. Esta columna cilíndrica vino a sustituir en 1950 a otra columna rectangular que había sido colocada en el mismo lugar en el año 1889, la cual, al ser retirada, fue regalada al insigne doctor en medicina don Carlos Jiménez Díaz, quien la instaló en su popular cabaña de madera que tenía en su casa de verano en el pueblo de Salces. En los últimos tiempos, el ambiente natural del nacimiento ha cambiado considerablemente y han desaparecido del lenguaje habitual varios topónimos interesantes: La Fuentona, La Fontanuca, el Pozo del Medio o Pozo Azul, el Pozo de los Muertos y El Escajal. La Fuentona era el lugar en donde brotan las primeras aguas, con su entorno más inmediato de La Fontanuca; el Pozo Azul o Pozo del Medio, con su propio manantial, un poco más abajo; el Pozo de los Muertos, situado en el primer recodo a la derecha, y El Escajal, que es la zona boscosa actual, en la que existían sólo algunos fresnos y acebos y muchos espinos y escajos varios, en donde ramoneaban a diario un buen rebaño de cabras y pastaban otros animales. Fragmento de título "El nacimiento".
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