Por el senderu de Argüesu (Vol.1)


AUTOR:

Nicanor Gutiérrez Lozano.

COLECCIÓN:
Biblioteca de Temas Lebaniegos.
EDITORIAL:
Cantabria Tradicional.

ISBN
AÑO
PÁG.
TAMAÑO
ENCUADERNACIÓN
84-923650-6-4
1999
207
210 X 148,5
Rústica
10,79 €   (1.795 Ptas.)








Sinopsis

Libro de cuentos y relatos ambientados en la Hermandad de Campoo de Suso. La historia y las tradiciones campurrianas vistas, de una forma original



Índice

I. CASI UN CUENTO

II. EL SEL DEL MAESTRO

III. EL HUERTÓN

IV. LO QUE PUDO SER

V. MEMORIAS DE UN COPO DE NIEVE

VI. EL NIÑO Y EL CABALLO

VII. EL CASTILLO DE ESPINILLA

VIII. LA YEGUA "FEDERICA"

IX. UN SEÑOR CANARIO

X. EL FANTASMA DEL CASTILLO

XI. LA BATALLA

XII. EL MOLINERUCU DE FONTIBRE

XIII. YO JUI CARRETERU

XIV. MI PERRO "CHAN"

XV. EL CÚLEBRE

XVI. EL GALLO "KIRIKO"

XVII. LA FUENTE DE LA LLANA DE LOS PRAOS

XVIII. EL CASTILLO DE "FONTIBLE"

XIX. PEÑA CAMPANA

XX. LAS BRUJAS DE LA PILA

XXI. JUAN HERRERO

XXII. CUANDO EL TÍO GORIO DESENTERRÓ A LOS CELTAS

XXIII. EL TÍO JOSEÚCO

XXIV. MEDICINA ANTIGUA

XXV. LAS LEYES MEDIEVALES: CURIOSIDADES

XXVI. RECETAS DE LOS CURANDEROS PARA LOS ANIMALES

XXVII. LOS CURANDEROS

XXVIII. CREENCIAS Y DISPARATES

XXIX. DICHOS Y REFRANES

XXX. HUMOR MORTECINO

XXXI. INGENIOS Y DICHOS

XXXII. LAS MISIONES

XXXIII. EL SERMÓN DE LA ERMITA

XXXIV. LA LARGUITAÑA DE LAS NIEVES

XXXV. LOS CIEGOS DE ANTAÑO


Presentación de la obra

Verdaderamente no hay una tradición cuentista entre nuestra gente. Los pocos cuentos que hemos escuchado, cortos e imperfectos, son repetición de los que corren por Castilla como tradicionales, pero, según lo que oímos, aquí han llegado muy mutilados.

Debido a esto, he preferido "inventármelos", valga la palabra, basándome en las circunstancias geográficas e históricas que nos rodean. Así verás, amigo lector, que sobre esta amalgama dejo correr la imaginación entroncando hechos fantasiosos que nada tuvieron que ver con la realidad y, por otro lado, reto al que me los pueda poner en duda, pues lo mismo que yo los atribuyo a personajes que, a lo mejor, no existieron me puedan ellos demostrar que no es cierto.

Algunos de los cuentos están basados en hechos acaecidos que han llegado a nuestro conocimiento a través de la tradición oral de nuestros ancianos, a los que he dado forma literaria adornándolos con lo que a mí se me ocurre que pudo ser.

Lógicamente, ya que desde el primer momento que me propuse esta tarea he pretendido popularizar nuestras tradiciones, quisiera que sirvieran como de escuela, dada mi formación como magíster, para, de una manera amena, introducir a nuestros jóvenes en ese mundo que fue y no debemos olvidar.
Siguiendo esta línea, he añadido anécdotas curiosas —ya sé que habrá más, pero me remito a las que conozco—, donde se hace palpable la forma de ser de nuestros antañones vecinos. Las costumbres que tenían, aunque ahora nos parecen algo bárbaras, servían perfectamente para deshacer entuertos y fomentar la pacífica convivencia, por aquello de que "el miedo guarda la viña"; la forma que tenían de curar sus enfermedades, basándose en increíbles recetas que ellos cumplían al pie de la letra, con una fe ciega que ahora se nos antoja repugnante, más que nada por los productos usados, y todo el tema de las brujas que, como dicen los gallegos por sus "meigas": haberlas, "hailas", aunque nadie las haya visto.

Algunas de mis vivencias se han escapado a formar parte de este modesto trabajo, pero ¿qué quiere usted? Si el libro es como un hijo mío, es natural que en él figuren, pues contribuyeron en gran medida a formar mi carácter.

Perdonen la inmodestia, pero cuando la imaginación vuela es casi imposible poner puertas al campo.

Espero que su lectura les resulte amena y me conformo con que pasen un buen rato dejando que su imaginación, lo mismo que yo he hecho, recorra todos los posibles vericuetos que atesoran en su memoria.


Extracto:     EL CASTILLO DE "FONTIBLE"

Nuestro Fontibre de hoy en día fue nombrado, durante muchos siglos, “Fontible”, aunque, eso sí, siempre en referencia al lugar donde nace el río Ebro, "ese que dio nombre a nuestra península y que ha sido testigo mudo de tanta historia patria", en boca de Menéndez Pelayo.

El lugar del nacimiento siempre fue un punto importante, por lo que no es de extrañar que junto a él surgiera una casa noble: los Mantilla, emparentados con los Reyes de Castilla, que tuvieron en aquellos aledaños dos casas fuertes, varios molinos y hasta un pequeño castillete.

Al castillo me voy a referir. Si sientes curiosidad por saber si verdaderamente existió no tienes más que subir, por la parte que mira al pueblo es muy factible, a la peña bajo la cual brota el agua, y verás restos de argamasa de lo que fue una construcción.
Además del motivo de ser el lugar del nacimiento del río Ebro, ¿cuál otro pudo tener el construir allí una fortaleza? Yo veo, después de consultar muchos libros antiguos, una razón muy sencilla: era un paso de los peregrinos que iban a Santiago y, en unión del castillo de San Vicente de Argüeso, eran puntos estratégicos para la protección de los mismos cumpliendo las órdenes reales.

¿En qué me baso para hacer tal afirmación? Vea usted: siguiendo a don Vicente Barreda, aquel intelectual que llegó a ser vicepresidente de la Diputación Provincial bajo el mandato de don José Pérez Bustamante, a finales de los años cuarenta y todos los cincuenta, nos encontramos que, al comentar los posibles caminos de peregrinos a Santiago entre los cántabros, menciona, como ya hemos hecho constar en un comentario sobre temas históricos, el que llegaba a Reinosa, subiendo con lanchas por el río Ebro.

Ya puestos en Reinosa, ¿qué camino seguían? Viendo las características del terreno, me inclino por pensar que desde ese punto saldrían por lo que ahora llamamos Barrio San Justo, pasando por las eras de Nestares hasta entrar en el monte de los Cajigales, que entonces sería un gran bosque de robles y mucho más extenso que en la actualidad.

Superado este bosque se encontraban con la barrera del río Híjar, gran parte del año tan cargado de agua que era muy dificil vadear; si a eso añadimos el atractivo que suponía ver el lugar donde nace el Ebro, tenemos que considerar, lógicamente, que el camino se desviaba hacia Fontibre, pasando junto a la fortaleza que comentamos, que, seguramente, serviría de punto de acogida para los peregrinos, que si bien entonces ya habían andado apenas un par de leguas, por lo que no estaban muy cansados, perderían mucho tiempo husmeando por aquel contorno, en razón de que sólo una vez en su vida les fuera posible contemplarlo.

Luego, a la mañana siguiente, subiendo por el valle de Sosa, tras pasar el collado del Pico la Hoz, irían a caer a la villa de Argüeso, siguiendo por la carrera de San Pedro hasta salir a Soto, en demanda de Palombera y dormir en el lazareto de Santa María de Hozcaba, desde donde seguirían, tras pasar la Venta Vieja, Colsa y Los Tojos, a caer al valle de Cabuérniga para conectar con el camino de la costa.

Mientras la casa de los Mantilla fue fuerte y estuvo en pleno apogeo, el castillo de Fontible siempre fue un lugar grato de acogida y una garantía de protección, pero el tiempo es imparable y los hombres mudan siguiendo esa máxima que siglo tras siglo se repite: los abuelos ricos, los hijos menos ricos y los nietos pobres.

Dicen que el pueblo embrutece y, aunque así no sea ya moneda corriente, en la época medieval era una verdad como un templo. Los herederos de las antiguas grandes casas, constreñidos en sus lugarejos, alejados de todo foco de cultura, les llevaba inevitablemente a romper toda relación con la Corte por abandono, dejando paso a las más ocultas malas mañas.

Así ocurrió a la casa de los Mantilla cuando llegamos a la época de las guerras de banderías, que asolaron todo el reino de Castilla. Era, por entonces, señor de la casa un tal Rodrigo Mantilla, conocido con el sobrenombre del de Las Grandes Fuerzas, cuya simple mención nos da idea de las características del individuo.

Aunque Rodrigo llegó a ser alcaide del castillo de Argüeso, mucho más importante que el de “Fontible”, y tuvo una actuación grande en la batalla de las Brañas de Pelías, mandando los partidarios del marqués de Santillana del Mar, no supo, o no quiso, educar convenientemente a sus hijos que, a la sombra de lo que había sido su padre, se transformaron en unos auténticos señores de horca y cuchillo, dando paso a toda clase de abusos y aberraciones.

Dentro de sus vasallos directos, los vecinos del pueblo, procuraron siempre ser comedidos, pero, para los alrededores, llegaron a ser temibles, y con un puñado de guerreros asolaban todo el contorno.

En los peregrinos, a los que de momento acogían con buenos modos, encontraron una saneada fuente de ingresos. Los alojaban en el castillo, pero, por la noche, los desvalijaban.

Las malas noticias pronto se saben, por lo que no faltaron almas caritativas que aconsejaban a los romeros para que eludieran pernoctar en “Fontible”. Si a eso añadimos que los vecinos de Villacantid, por aquel entonces, hicieron un somero puente de madera sobre el Híjar, motivó que la corriente peregrina pasase hacia Barrio para coger la calzada romana que, viniendo del collado de Somahoz, subía en demanda de la frontal de Palombera.

Ya en el siglo XII fue edificada la iglesia románica de Villacantid, de la que no se conserva más que el atrio y el ábside, todo lo demás son añadidos fechados en el siglo XVIII, que, en principio, fue un hospital de peregrinos.

Para los que venían de la meseta había un servicio más completo en el lazareto de Somahoz, lo que ahora llaman los de Suano el Convento, y en el ya mencionado de Santa María de Hozcaba. En los siglos que estuvieron los Templarios en Espinilla administrando estos enclaves, dada su fama de monjes guerreros, no se atrevieron los Mantilla a tocar a ninguno de los peregrinos que transitaban por estos distintos caminos, quedándose sin parroquia a quien poder robar.

Cuando la sublevación de los Comuneros de Castilla, dada la relación familiar que tenían con uno de sus capitanes: Bravo, los Mantilla de entonces participaron con su pequeña mesnada en aquella guerra, por lo que al ser derrotados y decapitados sus jefes en Valladolid: Padilla, Bravo y Maldonado, tuvieron que volverse a su pueblo procurando pasar lo más desapercibidos posible pero la Justicia de Carlos I no olvidó y hasta allí llegó.

Lo mismo que en el castillo de Argüeso se aprecia cómo fueron desmochadas sus torres y picados sus escudos, razón por la cual ahora no vemos en ellos ninguna figura típica de estos signos de nobleza, el castillo de “Fontible” fue demolido hasta los cimientos, obra a la que contribuyeron todos los vecinos del pueblo hartos de soportar las veleidades de sus señores naturales, que no sabían estar a la altura que les obligaba el estamento social al que pertenecían.

Muchas de las casas viejas de Fontibre fueron ampliadas con las piedras del castillo derruido, por eso, en su entorno, no ha quedado ni rastro de ellas, solamente, como he dicho al principio, se aprecian restos de cal y arena que formaban la argamasa del cimiento.

Cuando don José María de Pereda, en su popular novela de “Peñas Arriba”, nos describe el viaje que inicia Marcelo, una vez que deja el tren en Reinosa, para ir hasta Tablanca, al pasar por Fontibre, pone en su boca que le pregunta al espolique Pito Salces por el nacimiento del Ebro, pero no se detiene a describírnoslo; la razón que le da es que les queda mucho camino por andar y que no pueden estarse con esas curiosidades, lo cual nos hace entender que Pereda nunca lo visitó.

No obstante, el llamado camino Real que partía de Reinosa ya tenía otro itinerario: salía de la villa por el llamado Hospital de San Francisco, ahora residencia de ancianos, pasaba hacia el barrio de los Hornos de Nestares, por lo que ahora es el corral de la cuadra que allí tiene el Negus, subía a Salces por el actual camino que ahora viene de la mina de Fontoria, entrando en el pueblo por la era del Pobre y atravesándolo a todo lo largo por la margen izquierda del río. Luego seguía, más o menos, por la pista que actualmente une el barrio de abajo de La Miña con el pueblo de Fontibre, casi paralela a la actual carretera, y entraba en este pueblo por donde ahora tiene la casa Mata, subiendo luego por medio del caserío hasta la varga que allí tiene la carretera, por medio de la actual casa de Gonzalo, Tuerto, donde ahora hay una carnicería.

Pues bien, a pesar de estos detalles, no menciona para nada los restos del castillete. Me figuro que cuando Pereda visita al Sordo de Proaño ya está hecha la actual carretera, por lo que pasa raudo sin apreciar lo que venimos comentando, pues estoy seguro que lo mismo que menciona el castillo de Argüeso, de haberlo sabido lo hubiera citado.




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