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Extracto ¡Y no había otro remedio que salir! El cura estaba avisado; esperaría, abajo, en la parroquia y aun cuando el mal tiempo disculpara el retardo un par de días, era casi transcurrido el medio mes sin que cayeran sobre el crío otras aguas de cristiano que las que le vertiera, a poco de nacer, la comadrona, ti Librada, en estos casos previsora, a fuer de creyente y celosa de su profesión en grado sumo. ¡Ota, Judas —se dijo la caritativa mujer—, güena fuera que tan y mientras la inverná no toma mejor cariz se mus vaiga de entre las manos el angelucu sin llamar a las puertas de la Gloria! ¡No, esu sí que no! Y sobre la cara del recién nacido llovía el asperges de ti Librada, acompañado de las frases sacramentales aplicables a este modo de bautizar. Pero espera que te espera, la atmósfera continuaba en igual estado, y aunque la nieve no caía ya con el espesor de al principio y hacia el Norte "asomaba" una bocana, seguía, no obstante, el albo meteoro oscureciendo horizontes y borrando caminos y veredas, siendo poco menos que temerario poner los pies fuera de la cabaña, sin exponerse a un grave contratiempo. Por lo visto, nadie contaba con Susín, mozo de agallas, audaz y jactancioso, recién venido de la Corte, quien nunca mostró temor por cosa alguna. (...) Fragmento de "El nombre del chicuzo" - Pág. 151
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