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Extracto Juan Callejo, que así se llamaba el pobre pituflero, grotescamente vestido y tocado con sombrero de copa alta, el tamboril colgado del brazo izquierdo, en cuya mano llevaba el endiablado pito, sacudía de lo lindo el destemplado parche del tamboril con un palillo que llevaba en la mano derecha, acompasándolo con movimientos de cabeza que muchas veces hicieron caer al suelo la "pirolera" con que iba tocando. De su mérito como artista no hay que hablar. No le igualaba nadie: ni Pulga, cuando, acompañado con su desafinada zanfoña, cantaba aquello de: Eres espejo "locido" por tu color encendido; eres más blanca que el sol y más rubia que la nieve. Callejo no tenía rival, según su biógrafo; los aires populares la "Mulata", el "Barrié", el "Mutila" y el "Tarintantero" los interpretaba a las mil maravillas. ¿Y el fandango? ¡Ah! "El fandango —y no es bravata— le tocaba por debajo de la pata." La popularidad de Callejo era tan grande que todo el mundo buscaba su amistad y anhelaba su retrato, que quizá guarde alguna familia, como don Antonio Suárez Quirós guarda el de la "Sandalia", pintando al óleo, que, como dijo la "Rajona" cuando lo vio, "parece que está permanente". Pequeño fragmento de "Los barruntas" - Pág. 253
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