CAMPOO Las Vidas y los Paisajes (1976-1979)


AUTOR:

Daniel Guerra de Viana (Textos), Miguel de Celis Cabezón (Fotografías).

COLECCIÓN:
- -
EDITORIAL:
Cantabria Tradicional.

ISBN
AÑO
PÁG.
TAMAÑO
ENCUADERNACIÓN
84-96042-20-0
2004
168
297 X 285
Tapa Dura
32,00 €




Sinopsis

Si tuvieramos que idear alguna publicación que fuera el paradigma de la imagen y la palabra en sincronizada convivencia, quizás sería ésta que aquí presentamos la resultante de tal creación.

Miguel de Celis Cabezón, experimentado fotógrafo campurriano, une en esta ocasión su pródiga y fascinante producción artística a la bien pergeñada palabra del escritor, no menos campurriano, Daniel Guerra de Viana. El resultado de tal asociación es un soberbio libro en el que las vidas y los paisajes de Campoo han quedado retratados, definidos e impresos, de esos que el lector, a buen seguro, no podrá resistirse a ojearlo de un solo tirón y, lo que es mejor, la experiencia será, por lo menos, emocionalmente gratificante.

El formato es grande (297x285 mm) y la edición esmerada. En él se reproducen 150 fotografías en blanco y negro –captadas todas a finales de la década de 1970–, en las cuales, aparecen imágenes pertenecientes a los paisajes y paisanajes tanto de Campoo como de su capital, Reinosa. La vida cotidiana en la comarca, mezclando sutiles y a veces demoledores retazos de los ambientes rurales y urbanos, es el argumento de esta singular obra.

Prólogo: "Ese increíble invento de la fotografía"

Cuando las primeras pruebas fotográficas se realizaron, la sorpresa que produjo sólo se podría comparar con el descubrimiento del principio de Arquímedes y su ya mítica frase de “¡Eureka!”. Niepce y Daguerre habían encontrado la fórmula que iba a posibilitar el espectacular desarrollo de la fotografía en los siglos XIX y XX. Una historia plagada de aciertos y errores, de fracasos y triunfos. La dialéctica del arte entronca directamente con ese desarrollo de la fotografía como parte integrante del arte. Su evolución ha ido a la par que muchas de las vanguardias artísticas de principios del siglo XX; incluso la fotografía ha tenido sus propias tendencias, y hoy en día este arte está tan presente que no se podría entender el siglo pasado y éste sin ella. La nómina de artistas gráficos, en el sentido de fotógrafos, es tan extensa que sería imposible hablar de todos ellos mínimamente en estas páginas. Nos gustaría hacer un recorrido por esas tendencias que existieron y existen, sin llegar a aburrir al lector. Sólo destacar a los pioneros. ¿Cómo no hablar de Man Ray, o Cartier-Bresson, o Sandler, de Weegge, Doisneau, Capa, Fontcuberta...? Como ven sería imposible. Nombres que ocupan un lugar preferente en la historia de la fotografía por muy diversos motivos, unos por captar el momento, ese instante que todos buscan; otros por combinar diferentes técnicas con la fotografía y crear a partir de un negativo otra cosa totalmente diferente; y otros por utilizar su mirada lúcida sobre la propia historia del siglo que les vio nacer y morir. Hay momentos, pues, que son increíblemente únicos, y que gracias al invento de Niepce y Daguerre se pueden observar una y otra vez, volver sobre él como si la vida se pudiera vivir múltiples veces. Ése sería uno de los grandes logros de la fotografía, rememorar el pasado, tener conciencia de lo que fuimos, preservar nuestra memoria eternamente.


La Historia de un pueblo se transmite con la música, esa emoción que nace en la noche de los tiempos y que no se puede explicar. El alma de la música ha traspasado este mundo.
Reinosa, Fiestas de San Mateo. Los piteros Bosio y Martín en plena faena.

Este libro que tienen en sus manos, y que ya habrán ojeado antes de leer estas palabras, tiene el mérito de cumplir con una de las funciones de la foto: ser testigo de un momento y una época. La otra función, la artística, también tiene cabida en él. La mirada del fotógrafo tiene cualidades especiales. Se fija en los momentos que sin querer se van a convertir en mágicos al cabo de los años o de los lustros, incluso de los siglos. Cualquier fotografía tiene el derecho de ser, por carta de naturaleza propia, un documento, un documento irrepetible de un hecho concreto. La magia, como dijimos anteriormente, proviene de la capacidad e evocar que una fotografía posee. La realidad es tan palpable que nos puede llegar a asustar, sobre todo si es un “documento” histórico. Cuando vemos los cambios, el pasado en forma de blanco y negro, nos asaltan imágenes tan vívidas que parece que los estuviéramos viviendo en el presente. Este libro cumple ampliamente con esos preceptos bosquejados anteriormente. La mirada de Miguel de Celis se ha posado sobre la historia reciente de Campoo y Reinosa, y los cambios que hemos experimentado en apenas 25 años nos dan una idea de la importancia de la fotografía como referente y guarda de nuestra memoria colectiva. Podríamos hablar, más que de un libro, de álbum del recuerdo, de archivo documental, del guardián de nuestro pasado más cercano y casi olvidado. Cumple la misión de transmitir a las generaciones futuras lo que las leyendas y cuentos al calor del fogón.

En Campoo hemos tenido la gran suerte de contar con excelentes fotógrafos que nos han dado la posibilidad de conocer, gracias a su mirada atenta y perspicaz, nuestra antigua forma de actuar y nuestros paisajes casi sin tocar. Desde aquel lejano siglo XIX, cuando Atkinson introdujo a Reinosa y Campoo en la “historia” moderna gráfica, se han sucedido series fotográficas de un valor incalculable. El ejemplo más palpable de principios del siglo XX lo tenemos en Julio G. de la Puente, que con su técnica inmejorable y su inteligente ojo-objetivo, nos ha transmitido el mundo rural campurriano cuando aún no se había modificado por el progreso. De eso hace casi ya cien años... Ahora, Miguel de Celis vuelve por los pasos ya marcados anteriormente y nos ofrece su visión de ese mundo cambiante. Son veinticinco años de fotografías, lo suficiente para volver a apreciar las transmutaciones que se han producido en nuestras vidas.


Historia congeladas que van y
vienen por los laberintos blancos
del hielo. Cobijo artesano que
intenta calentar el desasosiego
del invierno.
Reinosa. "Agárrate que resbala" .

Este es un libro que habla de historia, de historias, de vida, de vidas. Cada cliché es una narración en sí mismo; sólo tendremos que buscar cuál es el hilo conductor para darnos cuentas que hay una vida que fenece y otra que se abre camino para subsistir. Es un álbum que recrea nuestros anhelos, retazos de hechos que se asoman a la ventana del recuerdo. Tiene la capacidad de apelar a nuestros sentimientos y vivencias más escondidas y sacarlos del letargo al que están sometidos.

Como verán, cuando recorran con su vista la selección fotográfica, el libro o álbum de la memoria, se estructura en dos grandes secciones. La primera hace referencia a las gentes, muchas de ellas anónimas, otras conocidas, pero todas partícipes, con su existencia, de hacer posible que Campoo subsista a los siglos. Las gentes de Campoo y Reinosa y su medio, inseparables como si fueran siameses. La segunda parte recorre los paisajes. La pluralidad de los puntos de vista es tan amplia que el itinerario se nos hace viaje, un viaje a la profundidad de la historia; somos viajeros a los mandos de una máquina del tiempo, máquina convertida en fotografía, tiempo congelado para la eternidad, y nosotros tenemos la clave para volver sobre los pasos del pasado tantas veces como queramos, ese es el gozo del historiados: ver y apreciar una realidad abrumadora casi virgen.

Miguel de Celis, en estos veinticinco años de fotografía, ha querido dejar constancia, como en las narraciones orales, de qué está compuesta nuestra esencia. ¡Que la encuentren!

Daniel Guerra de Viana, otoño 2004



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