El Ferrocarril del Astillero a Ontaneda


AUTOR:

Pedro de la Vega Hormaechea, Julián González Obregón.

COLECCIÓN:
-
EDITORIAL:
Cantabria Tradicional.

ISBN
AÑO
PÁG.
TAMAÑO
ENCUADERNACIÓN
84-960-4201-4
2003
236
270 X 210
Rústica
23,00 €





Sinopsis

Libro dedicado a recordar y difundir la historia de uno de los ferrocarriles más entrañables que en Cantabria se construyeron, nos referimos a aquél que unió la localidad del Astillero con los pueblos toranceses de Puente Viesgo y Ontaneda.

Todo el libro está repleto de abundante información, tanto escrita, como gráfica (Fotografías, planos, documentos, etc.). Su lectura puede ser sumamente interesante, tanto para los habitantes de los valles por donde transcurría la línea, como para todas aquéllas personas aficionadas al mundo del ferrocarril.

Prólogo

La historia del ferrocarril constituye una de las claves de la sociedad moderna, una sociedad que asimila nuevas características de progreso y comienza el proceso de lo que se ha denominado “revolución industrial”. Desde la creación de la línea entre Liverpool y Manchester, en 1830, se han dado pasos de gigante en este medio de transporte, que llegó a la península ibérica en 1848 con el enlace Barcelona-Mataró. A partir de ese momento, Cantabria apostó por el ferrocarril, y en 1852 el rey consorte, Francisco de Asís Borbón, colocó la primera piedra de la línea Santander-Alar, una iniciativa que exigió mucha constancia y esfuerzo por parte de las autoridades y las fuerzas económicas regionales, y que supuso un acontecimiento decisivo para el futuro de la sociedad cántabra. El carácter emprendedor e innovador de los montañeses se evidencia al tener en cuenta que en ese año sólo había dos líneas férreas funcionando en España, la de Barcelona-Mataró y la de Madrid-Aranjuez.

La "Soto-Iruz" Nº21, saliendo de la antigua estación de Santander, con un tren de viajeros, en el año 1920. Foto: Museo Vasco del Ferrocarril.

Desde entonces, los caminos de hierro han marcado la evolución social y económica de Cantabria. El vapor, la electricidad y el Diesel que impulsaban las máquinas contribuyeron a enriquecer a los pueblos, valles y comarcas de nuestra comunidad, proporcionando unos más altos niveles de bienestar, favoreciendo el comercio y la industria gracias a la mejora del transporte y dejando la huella de otras culturas e idiosincrasias por las que pasaba el ferrocarril.

Uno de esos caminos de hierro que atravesó nuestra comunidad autónoma de norte a sur fue el de Astillero-Ontaneda. Este libro profundiza sobre esta vía, cuyo proyecto data de finales del siglo XIX, y que fue importantísima para integrar la capital santanderina con el resto de la región, y ésta con el norte de España. Los pueblos y valles por los que discurrió, entonces deprimidos a pesar de sus excelentes recursos naturales, vieron en el tren una solución a sus carencias, dándose a conocer a Europa. El tramo Astillero-Ontaneda dio vida a los balnearios de Puente Viesgo, Alceda y Ontaneda, a las minas que extraían mineral de las entrañas de Cabarga, a la industria marítima del Astillero y a la cohesión y desarrollo de valles como el de Villaescusa, Penagos, Cayón, Pisueña y Toranzo. Los ayuntamientos de Astillero, Villaescusa, Penagos, Santa María de Cayón, Castañeda, Puente Viesgo, Santiurde de Toranzo y Corvera de Toranzo dejaron de ser núcleos aislados. Sus estaciones o apeaderos hicieron posible el comercio interior y la evolución hacia el exterior. Las tradicionalmente incomunicadas villas pasiegas comenzaron a acercarse de forma más intensa a los balnearios, las ferias, los mercados y las industrias de la capital, y ésta respondía perfectamente a su misión de enlace con las actividades termales y turísticas de los valles.

Panorámica de vías y estación de Astillero. Tren en vías de Santander-Bilbao. A la izquierda se encontraban las vías del Astillero-Ontaneda. Año 1909. Foto: Tarjeta postal.

El proyecto Astillero-Ontaneda surgió como ambiciosa idea de unir Cantabria con Aragón y Valencia, idea que llevaría el nombre del eje Santander-Mediterráneo, y que, desgraciadamente, nunca se llegó a culminar. Sin embargo la historia del enlace entre Astillero y Ontaneda dejó a su paso grandes iniciativas industriales y empresariales, que años después constituirían ejes básicos del desarrollo de Cantabria.

Este libro ofrece a los lectores una labor de investigación rigurosa y documentada, apoyada por las ilustraciones que se acompañan en las páginas, que nos ayudará a conocer la importancia que tuvo este medio de transporte, concretamente la línea Astillero-Ontaneda, para los habitantes de Cantabria. Sus autores, hijos de ferroviarios, han sabido tratar con esmero y cariño esta historia, con una vocación de unir a las generaciones en un recuerdo y conocimiento que espero que sirvan para estimular nuestro interés sobre el futuro y sobre la influencia que las comunicaciones tienen en el desarrollo integral de los pueblos.

Pedro Nalda Condado
Consejero de Industria, Trabajo y Desarrollo Tecnológico del Gobierno de Cantabria.



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