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| Introducción El libro "Valle de Cayón. La memoria en imágenes" es un intento de rescatar del anonimato, del olvido, de los rincones abruptos de la memoria o de los archivos gozosos de la sensibilidad por el pasado, las imágenes y los recuerdos que han ido conformando, lentamente, el curso del río de la vida de varias generaciones de cayoneses. Esas imágenes guardadas, algunas veces en la indiferencia de una caja arrinconada y otras en el calor de los tesoros familiares, ven ahora la luz y nos quieren decir y enseñar que en otros tiempos, no tan lejanos, otras gentes, nuestras gentes, trabajaban, se divertían, construían, celebraban o se desplazaban de otras formas y maneras pero que, en lo esencial, perseguían lo mismo que nosotros: recibir el legado de nuestros mayores y, mejorado y ampliado, ponerlo en las manos de nuestros hijos para que ellos continúen el lógico progreso de toda obra humana. La Primera semilla del trabajo que ahora brota se depositó en una exposición organizada en el Colegio Público Gerardo Diego de Santa María de Cayón con motivo de una semana cultural. Los niños, los padres y los maestros aportaron el material gráfico que conformó aquella muestra y que sirvió de estímulo para canalizar los torrentes desbordados de las ideas que querían dar continuidad y forma al placer que supuso la contemplación de tantas imágenes con vida propia. El posterior trabajo de recopilación ha sido arduo pero gratificante. En cada foto, en cada comentario a las circunstancias familiares, estaba el recuerdo nostálgico de un tiempo pasado que siempre se recuerda como feliz a pesar de las penurias y estrecheces que apretaron la infancia de nuestros mayores. Las fotos que aparecen en el libro son las que hemos encontrado en nuestro peregrinaje por casas y pueblos y que, siempre, nos han cedido con generosidad. Somos plenamente conscientes de que hay otras que tienen el mismo valor, o incluso superior, desde la perspectiva etnográfica o documental que podían haber aparecido aquí pero las obras humanas no son perfectas y nosotros no hemos llegado, por diversas causas, a todos los archivos familiares del valle de Cayón. Hemos estructurado el libro por temas, procurando abarcar todos los aspectos que afectan a la vida de los habitantes de Cayón. Ha habido dos hechos diferenciadores, a principios del siglo XX, que han marcado el devenir de los cayoneses: la construcción del ferrocarril Astillero-Ontaneda, con estaciones en Sarón y La Penilla, y el asentamiento de la fábrica Nestlé en La Penilla. Además de estos dos hitos, hubo otros que también ayudaron a configurar el valle tal como es ahora: las ferias ganaderas y el pujante comercio de Sarón, el C.D. Cayón, la bolera cubierta de Lavín, la típica fiesta de San Vicente, las familias de Esles, el mercado de Sarón... Creemos que es positivo que las jóvenes generaciones conozcan un poco de la historia de sus antepasados. Ello contribuirá a incrementar el cariño y el respeto por todo lo que nos rodea. Si con este libro contribuimos un poco a ello, daremos por cubiertos los objetivos que nos propusimos al empezar la recopilación Los Autores Nacimiento de Sarón Esta es una recopilación fotográfica retrospectiva de cómo eran los pueblos, las personas, las cosas, el comercio y, en general, el ambiente en que se vivía en el valle de Cayón y, en particular, cómo era el barrio de Sarón, el núcleo vecinal más "joven" del municipio cayonés y, sin embargo, el más habitado y moderno. Se centrará este trabajo en las fotos de Sarón, ya que el vecindario no conoce sus orígenes, sus antiguos habitantes y su incipiente industria y comercio en lo primeros años del siglo XX.
Por el año 1849 eran vecinos de La Abadilla el matrimonio formado por don Antonio de Saro y doña Margarita Antonia Galván, "propietarios", y con tres hijos llamados José, Margarita Antonia y Juan Antonio. Esta familia era dueña de muchísimas fincas en dicho pueblo y el "barrio" de Sarón, donde casi todo el terreno del centro (crucero de carreteras) y sus contornos eran de su propiedad. Estas tierras estaban cruzadas de Norte a Sur por la carretea general de Guarnizo a Villacarriedo. Al poco tiempo se inició la construcción de la vía nacional Bilbao-La Coruña, atravesando terrenos de la familia Saro-Galván. Entonces empezó a crearse Sarón, dado que el señor Juan Antonio Saro Galván construyó en el cruce de las carreteras citadas un gran edificio de piedra de sillería destinado a parador o venta, con cuadras y accesorias colindantes, destinadas a ganado y carruajes. El tráfico por ambos caminos iba en aumento y la construcción siguió alrededor del "cruce" (farmacia antigua -1878- y panadería —hoy de los hermanos Acebo—). Le faltaba nombre a este lugar ya habitado y, como era natural, lo tomó de su primer constructor, "Sarón", aplicándole este aumentativo al señor Saro, ya que era un hombre muy grande, alto, fuerte y de espesa barba en su rostro. Así se empezó a llamar aquel barrio de La Abadilla. Ya contaba con tres comercios: un parador, una farmacia y una panadería. En La Venta se mataba ganado vacuno y ovino para consumo y también se vendía carne a los vecinos de La Abadilla; por tanto, también contaba con una carnicería. Y comenzó la construcción de casas, almacenes y edificios accesorios y en cada edificio se vendía algo; también empezó la construcción del ferrocarril de Astillero-Ontaneda (1902), con estación en Sarón. Todo ello -el auge en habitantes, comercio y transporte que tomó el barrio- dio lugar a que las ferias anuales que se celebraban en La Abadilla (San Marcos, San Agustín y San Antonio) se trasladaran al ferial de Sarón los días 11 y 22 de cada mes, al que acudían todos los ganaderos del valle de Carriedo y alrededores para efectuar sus compras y ventas, así como también los mercados, que comenzaron a efectuarse todos los viernes.
La "industria hostelera" adquirió gran importancia en Sarón, ya que, además de La Venta del Cruce (en cuyas cercanías funcionaba, desde 1923, el Matadero Municipal) existían las casas de comidas de don Fidel Crespo, con alquiler de vehículos, Casa Mazorra, con fonda, y Casa Lavín, con comidas, hospedaje y taberna, enfrente mismo de la estación. Funcionaba también la tejera de Sixto (1925); la sierra de Leopoldo Gómez (1927); el Banco de Santander (1923); Casa Frutos, ropas y tejidos; surtidor de gasolina y depósito de recogida de leche para la Nestlé, regentados ambos por don Luis Lavín y doña Purificación Ortiz; almacén de piensos de don Eusebio Gómez; almacén de muebles Casa Aranaga; barbería de Manuel Blanco; escuela particular de doña Ángeles; Café de Sarón, de los hermanos Gaspar y Sindo Laredo; hojalatería de León Diez; Barbería y venta de periódicos de Luis Rebolledo; piensos de don Ramón Fernández; panadería de Eulogio Palacios; ermita de San Lázaro, reedificada en 1927; costura de las hermanas Ortiz; fragua del "Tío Terio"; herradero del veterinario señor quintana; ferretería y droguería de don Cipriano Quintadós; ropas y calzados de don Nicolás Vázquez; Mercado Viejo (1903 a 1929); panadería de Acebo; Desiderio García, comestibles, muebles y bebidas; herradero de don Pedro Huerta; "El Bizco", regentado por el veterinario don Francisco Rodríguez; serrería de Quintín; albarquero Francisco Gómez, "Quico"; comercio de ultramarinos, ropas y calzados del matrimonio J. Oliveri y María Rueda; tejería de don Antonio Lavín; casino de Sarón y bolera cubierta. Los promotores de este Sarón, que es hoy el pueblo más importante de Cayón, fueron don Juan Antonio Saro y Galván, "Sarón", fundador; don José Luis Gómez García, que fundó el Banco de Santander; don Leopoldo Gómez (padre e hijo); don Antonio Lavín Cobo y don Eusebio Gómez García y esposa, que dotaron a Sarón de su templo parroquial, bajo la advocación de San José. C.D. Cayón El Club Deportivo Cayón se fundó en 1920, ocupando Manuel Molina la presidencia. Duró 10 años, pues en 1930 desapareció. En el año 1945 reapareció bajo la presidencia de Francisco Ramos Callejo, instalándose en el Campo de Los Rosales, de Sarón. A este presidente le sucedieron: Antonio Lavín, Leopoldo Gómez, Miguel Cobo, Manuel San Pablo, Dámaso Gutiérrez, Benito Huerta, José Laredo, Gastón Gómez, José Martín, Bonifacio Obregón, Gastón Gómez (segunda época), Higinio Gustillo y José Antonio Obregón. Los entrenadores más relevantes que ha tenido el club cayonés han sido: Nando Astobiza, Riancho, Saro, Brugos, Goyo Zamoruca, Paco García, Ángel Puente (en 2 épocas), Manrique, Capellán, Pedro Huerta, Enrique "Re", Manolo Merino, Jaular, Ventayol y Jesús Mantecón.
Los jugadores que han hecho historia han sido muchos. Destacaríamos a los Astobiza, Lobera, Aja, Campón, Gómez, Lois, Porro, Acebo, Juanín, Gorio San Emeterio, Fermín, Pedro Huerta, M. Sierra, Riancho y Tino. Más recientemente han salido del equipo cayonés, para triunfar en Primera división, José Ceballos y Luis Fernández. Después de jugar en el Campo de Los rosales se habilitó otros terrenos del Santander-Mediterráneo junto al barrio del Ferial de Sarón. Se llamó Bellavista. Más recientemente se ha logrado el gran sueño del aficionado cayonés, con la construcción del nuevo campo en el sitio de San Lázaro, dentro de un bonito complejo deportivo. Los momentos más importantes del club se remontan a la década de los sesenta, con Nando Astobiza de entrenador. Pero el momento más álgido se produce en la temporada 1977/78, al lograr el ascenso bajo la dirección técnica de Emilio Brugos, a la Tercera divisón nacional, tras quedar campeón de la Regional Preferente. La Temporada siguiente, compartiendo grupo con equipos de Galicia, Asturias y León, debutó en categoría nacional. La temporada posterior se encuadró con equipos de La Rioja, Navarra, Palencia, Valladolid, Zamora y Salamanca. Los siguientes militó con equipos de Asturias, y, tras una temporada en Regional Preferente, volvió a la Tercera división en el grupo cántabro, donde milita en la actualidad. El equipaje habitual está compuesto por camiseta de franjas verticales negras y amarillas y pantalón negro. Pero, como demuestran varias fotografías, no siempre fue así.
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