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Después de estudiar diversas alternativas se eligió para la construcción de la fábrica un terreno en el lugar de Las Candanosas, en Renedo de Piélagos, que se encontraba dividido en parcelas de distintos propietarios, que una vez realizadas las gestiones pertinentes accedieron a ceder sus propiedades a precios razonables. El terreno presentaba una situación y unas condiciones inmejorables para el fin propuesto, ya que lindaba por el Norte con la carretera nacional de Burgos y por el Sur y Oeste con la vía de ferrocarril y el arroyo Carrimón, afluente del Pas, asegurándose así tanto las comunicaciones para la recogida de leche y salida de productos, como el aporte de agua y evacuación de efluyentes. El proyecto de la fábrica se encargó al ingeniero de caminos Luis Palencia Orín, que el 10 de enero de 1931 presentó el proyecto del edificio principal con un presupuesto de 275.000 ptas. El proyecto fue aprobado y, sin más demora, se procedió a la construcción de la fábrica, realizándose el 19 de febrero la inauguración oficial de las obras, con asistencia de todas las autoridades provinciales, y bendiciendo la colocación de la primera piedra el obispo de Santander, D. José Eguino y Trecu. Las obras de construcción fueron dirigidas por Luis Palencia, siendo encargado de las mismas Emilio Badía, que más tarde se integraría en el personal de la fábrica.
El 30 de mayo se nombró director técnico de la fábrica al ingeniero agrónomo Arturo del Río, el cual al mes siguiente presentó una memoria recomendando la instalación de una torre de desecación, sistema kraus, para el aprovechamiento y conservación de la leche sobrante en forma de leche en polvo, la cual fue también aprobada. Las obras duraron un año y, el 29 de marzo de 1932, se inauguraron las instalaciones de la fábrica. La inauguración fue un gran acontecimiento, asistiendo representantes de todos los Sindicatos Agrícolas Montañeses y numeroso público procedente de todos los pueblos de la provincia. En el acto tomaron la palabra el diputado en Cortes y consiliario de la FDCA, D.Lauro Fernández, el Presidente de la Federación, José Santos, y el secretario de la Cooperativa de Ganaderos, Jesús de Cospedal. Los periódicos locales dedicaron páginas enteras especiales al acontecimiento. Al inaugurarse la fábrica, se encontraban instaladas, además de los servicios auxiliares –en los que destacaba la sala de calderas, con la gran chimenea, de cerca de 40 metros de altura-, todos los equipos de recepción, almacenamiento, pasterización y envasado de la leche en envase perdido de papel parafinado. También estaban las instalaciones de concentración y secado de la leche (Torre Lurgi), pero sin terminar de instalar todavía, así como la sección de mantequería. La instalación principal era la de envasado de la leche, que “El Diario Montañés” describía al día siguiente de su inauguración de la siguiente forma: “...En esta amplia sala, de unos 200 metros cuadrados de superficie se hallan instalados dos equipos completos para la fabricación de envases de papel parafinado, uno, de un litro de capacidad, y otro de un cuarto de litro, y aún espacio para la colocación de dos equipos más que la capacidad que el consumo demande.
Consta cada equipo de tres máquinas: una para hacer el recipiente, otra para darle un baño de parafina y otro para su llenado y precintado. En la primera se coloca la cartulina aplantillada que, en distintas posiciones que adopta en la máquina va tomando la forma troncocónica, que una vez colocado el fondo es expulsada de la máquina por un golpe de aire a unos carritos, que en cuanto están llenos de envases pasan a la máquina de parafina. En esta máquina se van colocando los envases por filas, retenidos por su fondo mediante unos leves resortes, y accionada cada fila por una cadena de rosario, son sumergidas en un baño de parafina líquida, neutra, inodora y esterilizada, quedando impregnadas por dentro y por fuera y una vez secas, lo cual se produce en el tiempo que tardan en salir del baño hasta que remontan el espacio de las seis o siete filas que las han precedido, caen automáticamente a un vertedero para pasar después a las máquinas de llenado. Estas máquinas, en comunicación directa con el depósito de leche fría y pasteurizada, admiten seis botellas cada vez, que se colocan debajo de unos embudos, semejantes a unos grandes pezones, que sueltan de un modo regular la cantidad exacta de leche que ha de llevar cada botella, y una vez llenas se ponen automáticamente en marcha, pasando por debajo de los dispositivos de cerrar y precintar, deteniéndose cada una de ellas el tiempo necesario para realizar la operación, y una vez ajustada, sigue su marcha, siendo recogidas por las operarias encargadas del embalaje, consistente en unas cajas de cartón desmontables, que se cierran con unas tiras de papel engomado, y la mercancía queda así dispuesta para su exportación o almacenaje en las cámaras frigoríficas”. | ||||||||||||||||||||||||
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