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“El Eco de Carriedo” vio la luz por primera vez un sábado 12 de mayo de 1894 y feneció, editorialmente hablando, un domingo 11 de agosto de 1895. Fueron, por tanto, 66 los números que ininterrumpidamente salieron a la calle en estos 15 meses que separan ambas fechas. A lo largo de su historia pasó nuestro semanario por varios períodos, que resultan evidentes al analizar por completo todos sus números. A tenor de estas observaciones, descubrimos, en primer lugar, que a consecuencia de haber sido impreso en distintas imprentas iba cambiando también de estructura y diseño. En un primer momento se imprimió en los talleres del “Heraldo de Santander”, el cual, no sabemos si a cuenta de dicha impresión, insertó publicidad mientras existió la relación, que duró exactamente hasta el número 8, que corresponde al domingo 1 de julio de 1894.
Durante este período tuvo dos diseños de cabecera distintos: el primero, que tan sólo aguantó dos números, mostraba el nombre con caracteres tipográficos que nos recuerdan a los utilizados en la cartelería del antiguo oeste americano y que vemos habitualmente en los westerns. En la segunda cabecera, la utilizada entre el número 3 y el 8, se aumentó considerablemente el tamaño del título, ocupando ahora en un renglón toda la parte superior, utilizando una tipografía de estilo gótico. Las leyendas que acompañaban al susodicho título, aunque seguían diciendo lo mismo, también cambiaron de aspecto. La presentación de los contenidos se hacía a cuatro columnas, cosa que hemos visto en otros periódicos de carácter comarcal y regional contemporáneos de él. Por causas que desconocemos, a partir del noveno número deja la impresión el “Heraldo de Santander” para hacerse cargo del trabajo hasta el final de sus días la imprenta de Sotero Roiz, que estaba instalada en la calle del Muelle, número 8, de la capital cántabra. El aspecto que tiene ahora el nuevo “El Eco de Carriedo” denota cierta modernidad en el diseño, ya que cambia por completo la tipografía de la escritura, la cabecera –se utiliza el tipo de letra Bodoni- y el número de columnas, que pasa de cuatro a tres. Otra cuestión que queda sin desvelar, ya que nos ha sido imposible averiguarlo, tiene que ver con los verdaderos motivos que llevaron a fundar un medio de comunicación como “El Eco de Carriedo” en un lugar como el valle del Pisueña y, asimismo, las causas de su desaparición.
En cuanto a lo primero, hay que pensar que la iniciativa del nacimiento del semanario se debió al ímpetu emprendedor de un joven abogado local, ansioso de mejorar la situación social y económica de sus convecinos. Estos idearios marcaron el proceder del periódico durante el tiempo que estuvo en activo. Esta especie de cruzada debió desgastar física y moralmente a la persona que llevaba el peso de la empresa, ya que leyendo continuadamente los ejemplares se deduce que la lucha fue titánica, al tener que enfrentarse con múltiples contratiempos materiales y personales. A falta de una biografía más completa de la figura de Antonio Mazorra que arroje luz al tema, este último aspecto creemos que fue determinante a la hora de decidir echar el cerrojo al proyecto. Así, para cuando en el mes de agosto de 1895 se publica el último número, la redacción de Saro, o lo que es lo mismo, el señor Mazorra y sus posibles subordinados, habían acumulado sobre sus personas un buen ramillete de disgustos y dolores de cabeza, a la par que un numeroso grupo de enemigos de todas clases, fruto ello de la combativa actividad periodística llevada a cabo por la dirección, principalmente. En el artículo que sirve de despedida publicado en el último número ya deja entrever “El Cojo Saro” esta circunstancia, aunque el mensaje que quiere transmitir a los lectores sea el de que el cierre es debido a motivos profesionales. En uno de sus párrafos dice: “Retirámonos, pues, del campo, porque nuestras ocupaciones así nos lo exigen y porque, la verdad hablando, nuestra misión ha terminado”. Leyendo esto y el resto del comunicado que habla de una futura vuelta, “tan pronto como las circunstancias lo demanden”, cabe pensar que el adiós era más bien una retirada a la retaguardia que un hasta luego definitivo. Sepa el lector que “El Eco de Carriedo” no volvió nunca a publicarse, quedando el valle y la comarca entera sin periódico. Ocho años más tarde, un tal Pedro Martín Díez y sus compañeros fundan en Villacarriedo otro semanario, llamado “La Aurora del Valle”, que duró muy poco tiempo. |
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