|
|
|
|
|||||||||||||||||||||||
|
||||||||||||||||||||||||
|
Prólogo El trabajo que ofrezco al lector es una recopilación de noticias, lo más amplia posible, aunque siempre limitada, sobre las ferias anuales en Cantabria. La feria, para las gentes de nuestros pueblos antaño, era algo muy importante; en torno a ella giraban muchas de las actividades agrícolas y ganaderas y, junto con el mercado, las fiestas patronales y las de los santuarios comarcales, marcaba los momentos de descanso, diversión, relaciones sociales, comercio, contratos, rentas e hipotecas.
La feria era un acontecimiento único para la economía de los pueblos, pero no lo era menos como momento de esparcimiento y de convivencia. Esto explica el gran número de ferias que llegaron a celebrarse a lo largo y ancho de esta provincia; tenemos, por ejemplo, que en el año 1942 se celebraron 570 ferias; de éstas, 52 tenían una periodicidad semanal, quincenal o mensual, y las restantes eran anuales. Para las gentes de muchos de nuestros pueblos, la feria siempre ha sido la anual; a la mensual, hasta los años sesenta, se la confundía con el mercado, donde la gente daba salida a los productos más estacionales y perecederos y compraba lo más imprescindible para la vida cotidiana.
La feria, como acontecimiento anual, es una vivencia que tengo desde bien niño en mi comarca de origen, Liébana. Para los lebaniegos, la feria era la de San Pedro y Los Santos y el mercado, el que cada lunes se celebraba en la villa de Potes. Y no creamos que esta vivencia de la feria era algo exclusivo de la comarca lebaniega. En las crónicas de ferias encontramos referencias de otras zonas que reflejan esta misma vivencia; de Puentenansa se escribía en el año 1929: “El día 22 se ha celebrado el mercado bovino que se celebra cada quincena de mes…; eso hizo que la Plaza de las Escuelas, donde se celebra el mercado, se viera repleta”. Y bajando hacia la costa, desde Bielva, nos aclaran que “la causa de la decadencia de las ferias de estos pueblos, que tienden a desaparecer, es debido a que los tratantes encuentren más cómodo acudir a los mercados de Unquera, Panes y otros pueblos próximos a la vía férrea, para mayor facilidad del transporte de ganados y compradores”.
En la zona costera, donde en los años cincuenta y sesenta se han celebrado las ferias mensuales más importantes, en la primera mitad de siglo la feria era la anual. En los años veinte encontramos que se escribía desde Unquera: “El mercado del jueves, rebosante de gente, de ganado, de compradores y de ambulantes con baratijas. Los mercados que ahora se celebran son dignos de verse, aunque no sea uno ganadero, ni entienda una patata de ganado; son en extremo hermosos, animados y distraídos”. Y si nos vamos al otro extremo de la provincia, a la zona sur, desde Polientes escribe el corresponsal “estuvieron muy animados los mercados-ferias que durante el mes de febrero pasado se celebraron en Polientes. Hubo numerosas transacciones, a precios elevados, sobre todo en las parejas de labor”. El ganadero llevaba al mercado semanal los terneros, cabritos, corderos, lechos y dejaba para la feria la pareja de bueyes o de vacas, la vaca parida o de carne, el toro, el “chon” para la matanza, las ovejas y cabras, las yeguas, los potros, los mulos… Había dos ferias, San Mateo en Reinosa y San Lucas en Hoznayo, donde acudía preferentemente ganado caballar, mular y asnal.
El ama de casa llevaba al mercado los huevos, el pollo, la manteca, el queso, la fruta de tiempo, la verdura; a la feria, si no había ese día mercado, iba a acompañar al marido y a comprar alguna cosa que se necesitase para la casa o el trabajo y que el día de feria, como se ponían cantidad de puestos, se encontraban más arregladas. Las ferias anuales fueron, y en algunos casos se está recuperando, un acontecimiento comercial, social y cultural que quienes lo hemos vivido difícilmente podremos olvidar. © Cantabria
Tradicional
CONTACTA CON NOSOTROS.
Teléfono: 942 802 961 - 606 317 723 / e-mail:
editorial@cantabriatradicional.com
|
||||||||||||||||||||||||