Las ferias de ganado anuales en Cantabria


AUTOR:

José Manuel Gutiérrez Fernández.

COLECCIÓN:
-
EDITORIAL:
Cantabria Tradicional.

ISBN
AÑO
PÁG.
TAMAÑO
ENCUADERNACIÓN
84-96042-12-X
2003
264
270 X 210
Rústica
23,00 €




Sinopsis

Presentamos aquí una obra dedicada a las ferias de año en Cantabria. Estos acontecimientos mercantiles y festivos son propios de las comunidades rurales, donde la ganadería ha sido y es, no solo la principal actividad económica, sino que la misma forma parte de su identidad histórica.

Cantabria, como pueblo eminentemente ganadero desde tiempos inmemoriales, atesora una enorme tradición en cuanto a celebraciones de ferias y mercados ganaderos se refiere. Con carácter anual tenían y tienen lugar en “feriales”, más o menos acondicionados, sitos éstos en cajigales, plazas, brañas, leras o simples praderías de innumerables pueblos de la Región.

El presente libro, que recoge en sus páginas todo éste mundo que rodea a las ferias, está escrito de manera que el lector, ayudado de una gran cantidad de fotografías, entienda de forma amena lo que ha sido, y aún son, estos acontecimientos sociales.

Foto. Javier Rosendo. Cabezón de la Sal.
Prólogo

El trabajo que ofrezco al lector es una recopilación de noticias, lo más amplia posible, aunque siempre limitada, sobre las ferias anuales en Cantabria.

La feria, para las gentes de nuestros pueblos antaño, era algo muy importante; en torno a ella giraban muchas de las actividades agrícolas y ganaderas y, junto con el mercado, las fiestas patronales y las de los santuarios comarcales, marcaba los momentos de descanso, diversión, relaciones sociales, comercio, contratos, rentas e hipotecas.

TORRELAVEGA. Antigua postal coloreada de principios del siglo XX, en ella aparece fotografiada una panorámica de feria. Archivo Ricardo Bueno, Torrelavega.

La feria era un acontecimiento único para la economía de los pueblos, pero no lo era menos como momento de esparcimiento y de convivencia.

Esto explica el gran número de ferias que llegaron a celebrarse a lo largo y ancho de esta provincia; tenemos, por ejemplo, que en el año 1942 se celebraron 570 ferias; de éstas, 52 tenían una periodicidad semanal, quincenal o mensual, y las restantes eran anuales.

Para las gentes de muchos de nuestros pueblos, la feria siempre ha sido la anual; a la mensual, hasta los años sesenta, se la confundía con el mercado, donde la gente daba salida a los productos más estacionales y perecederos y compraba lo más imprescindible para la vida cotidiana.

VILLASEVIL. Niña acompañada de una pareja de vacas uncidas. Se encuentra posando para un fotógrafo ambulante que había asistido a la feria de San Agustín. Agosto de 1930. Archivo familiar de Carmen Fernández Sainz-Pardo.

La feria, como acontecimiento anual, es una vivencia que tengo desde bien niño en mi comarca de origen, Liébana. Para los lebaniegos, la feria era la de San Pedro y Los Santos y el mercado, el que cada lunes se celebraba en la villa de Potes.

Y no creamos que esta vivencia de la feria era algo exclusivo de la comarca lebaniega. En las crónicas de ferias encontramos referencias de otras zonas que reflejan esta misma vivencia; de Puentenansa se escribía en el año 1929: “El día 22 se ha celebrado el mercado bovino que se celebra cada quincena de mes…; eso hizo que la Plaza de las Escuelas, donde se celebra el mercado, se viera repleta”. Y bajando hacia la costa, desde Bielva, nos aclaran que “la causa de la decadencia de las ferias de estos pueblos, que tienden a desaparecer, es debido a que los tratantes encuentren más cómodo acudir a los mercados de Unquera, Panes y otros pueblos próximos a la vía férrea, para mayor facilidad del transporte de ganados y compradores”.

TORRELAVEGA. Antigua imagen del ferial de La Llama, tomada allá por la década de los años 80 del siglo XIX. Archivo Álvaro Saiz Uría, Torrelavega.

En la zona costera, donde en los años cincuenta y sesenta se han celebrado las ferias mensuales más importantes, en la primera mitad de siglo la feria era la anual. En los años veinte encontramos que se escribía desde Unquera: “El mercado del jueves, rebosante de gente, de ganado, de compradores y de ambulantes con baratijas. Los mercados que ahora se celebran son dignos de verse, aunque no sea uno ganadero, ni entienda una patata de ganado; son en extremo hermosos, animados y distraídos”.

Y si nos vamos al otro extremo de la provincia, a la zona sur, desde Polientes escribe el corresponsal “estuvieron muy animados los mercados-ferias que durante el mes de febrero pasado se celebraron en Polientes. Hubo numerosas transacciones, a precios elevados, sobre todo en las parejas de labor”.

El ganadero llevaba al mercado semanal los terneros, cabritos, corderos, lechos y dejaba para la feria la pareja de bueyes o de vacas, la vaca parida o de carne, el toro, el “chon” para la matanza, las ovejas y cabras, las yeguas, los potros, los mulos… Había dos ferias, San Mateo en Reinosa y San Lucas en Hoznayo, donde acudía preferentemente ganado caballar, mular y asnal.

RUENTE, Llegada de una "cabaña de tudanco" al recinto del ferial. Año 1997. Foto Antonio Magaña Ibáñez, Santander.

El ama de casa llevaba al mercado los huevos, el pollo, la manteca, el queso, la fruta de tiempo, la verdura; a la feria, si no había ese día mercado, iba a acompañar al marido y a comprar alguna cosa que se necesitase para la casa o el trabajo y que el día de feria, como se ponían cantidad de puestos, se encontraban más arregladas.

Las ferias anuales fueron, y en algunos casos se está recuperando, un acontecimiento comercial, social y cultural que quienes lo hemos vivido difícilmente podremos olvidar.



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