Cantabria es tierra de fotógrafos y de paisajistas. Pintores y poetas que con la palabra y con el color esbozamos nuestra tierra y el quehacer de nuestros paisanos. Cada uno a nuestro modo, el artista sumo con la palabra justa, el pintor con su paleta y nosotros, los fotógrafos, con la artesanía
la caja casi-oscura, mostramos al mundo la particular manera de ver lo que nos rodea.
El fotógrafo persigue y maneja la luz. Cuántas veces he corrido tras un último rayo que justo tenía que iluminar la mágica escena o cuántas veces he vuelto repetitivamente al mismo escenario para captar la justa luz que trasmitiera la emoción deseada.
Como me decía un amigo andaluz, ser fotógrafo en Cantabria tiene poco mérito. Sí y no, no y sí. No, porque hay que elegir, sintetizar, resumir los paisajes y los lugares, no quedarse con la primera toma y seguir buscando infinitamente la luz perfecta, y sí, por que nuestro paisaje es único, sus luces, sus nieblas, nuestros vecinos, nuestra arquitectura, nuestros colores…